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---Muchas veces, yo al menos, nos preguntamos por qué los sucesos malos, esos momentos que desearíamos olvidar, son los que, precisamente, recordamos. ¿Somos masoquistas o es que somos así de complicados?
---Pienso que el mal, los males en general, son como la novedad. Lo corriente y ordinario en nuestras vidas es sentirse bien, estar sano, sonreír, comer, etc. Es lo normal, nada extraordinario. Sin embargo, un suceso negativo, un mal momento, es como un resalto en un camino llano. Es lo que se sale de lo corriente, y que, al ir generalmente acompañado de aspectos negativos y estar nosotros acostumbrados a lo positivo y a la normalidad, nos resulta como un golpe, que a veces suele profundizar en nosotros más de lo que desearíamos.
---Ese mal, eso que se sale de lo corriente, lo diferente, podría confundirse con la homosexualidad. Creo que lo que le ocurre a muchos de quienes rechazan la homosexualidad o la transexualidad, es que se confunden al decir que no son normales. Creen que son diferentes, que no son corrientes, y que por ello son algo que se sale de lo normal, un mal. Pero en realidad la homosexualidad es corriente y normal, aunque convertida en algo diferente por ocultarla. Algo diferente que, ahora que no está oculto, se ve claramente que es normal y corriente; que no es un resalto en el camino, que no resulta negativo para nadie, que es simplemente otra cosa más que hace ver la diversidad existente.
---El mal es la novedad que nos hace daño; en algunas ocasiones más que en otras. El porqué de recordarlo con más facilidad pienso que es debido a que nuestra mente utiliza los datos relacionados con esa experiencia negativa para evitarla en el futuro. Es como ir recopilando errores para no volver a cometerlos, aunque a tal fin no llega completamente el ser humano, que a menudo tropieza dos veces con la misma piedra.
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